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Showing posts from October, 2025

Carta a mi Nataliya

Carta a Mi Nataliya  No supe qué era el miedo hasta el día en que me dijiste que venías al mundo. Yo era joven, con los bolsillos llenos de sueños rotos, pero sin la sabiduría para sostener el milagro. Pensé que estaba condenado, pero llegaste tú, y con tu primer llanto rompiste la condena del hombre que no entendía el amor. Me dijeron que serías niña, y tuve miedo, porque no sabía cómo amar sin controlar, sin imponer mi voz de hierro. Pero cuando te vi, tan pequeña, tan infinita, supe que Dios me había entregado una diosa en miniatura, mi maestra, mi espejo. Te di un nombre, te di mi apellido, y pensé que eso bastaba para ser padre. Qué poco entendía. Tú me enseñaste el color rosado, las tazas diminutas de té, las tiendas donde el brillo se convierte en sonrisa. Contigo aprendí a ser suave, a dejar que el mundo fuera tierno por un instante. Eras mi sol, ese sol que yo no veía porque vivía detrás de mis nubes. Pero tú, con tus manitas, las apartaste una por una y me enseñaste la lu...

Gods Brave Child

Gods Brave Child (English version of Niño valiente de Dios) There was no cry, no glorious song of new life, only silence. A silence so deep it bent the walls of the room and stopped time itself. You came to us, my son, not wrapped in light but in shadow, your chest still as stone, your skin the color of storms. The nurses moved like hurried angels, their voices trembling, their hands turned into prayers. Your mother, my Hannah, the mountain of my heart, wept in a language only mothers know, a sound that tore my soul. A hand touched my shoulder, softly, as if saying without words, prepare yourself. And I, not knowing what else to do, prayed. Not with perfect phrases, but with the trembling of one who clings to hope. I asked God, with all my being, to give you life. Before I could finish amen, a cry broke through the air: “He’s breathing.” And the world began to turn again. They placed you on your mother’s chest, skin to skin, and her tears baptized you. Love decided to stay in that inst...

La Hannah

La Hannah Te miro, mi flor, y me pierdo en la caída de tu pelo castaño contra tu piel clara, como noche que abraza al amanecer. Cuando tu pelo me toca, el mundo se queda quieto, como si hasta el viento quisiera mirarte. Tus ojos verdes me quiebran, tu risa me levanta. Tus vestidos de flores no solo me debilitan, me recuerdan que la belleza puede ser feroz, y aun así dulce en mis manos. Nos conocimos en puro fuego, y en las pruebas, hombro a hombro, fuimos más duros que la piedra. Has sido mi refugio en la tormenta, y mi compañera en la batalla. Contigo aprendí que el amor también es resistencia. Sin ti sería apenas sombra. Podría existir sin ti, pero sería otra vida, más pequeña, más vacía, sin color. Contigo soy fuego entero, luz que no se apaga, hombre que se rinde solo al amor. Eres la flor que nunca se rinde, la que camina con gracia por el día y me vuelve a elegir en la noche. Siempre tuyo, siempre contigo. Te quiero mucho, mi americana. Sobre el autor Samuel Cartes es un escritor...

Niño Valiente de Dios

Niño Valiente de Dios No hubo llanto, ni el canto glorioso de una vida nueva, solo silencio. Un silencio tan profundo que dobló las paredes de la sala y detuvo el tiempo. Llegaste a nosotros, hijo mío, no envuelto en luz sino en sombra, con el pecho quieto como una piedra, la piel del color de las tormentas. Las enfermeras se movían como ángeles apurados, sus voces temblaban, sus manos eran oraciones. Tu madre, mi Hannah, la montaña de mi corazón, lloraba en un idioma que solo las madres entienden, un sonido que partió mi alma. Una mano tocó mi hombro, suave, como diciendo sin palabras que me preparara. Y yo, sin saber qué más hacer, oré. No con frases perfectas, sino con el temblor de quien se aferra a la esperanza. Pedí a Dios, con todo mi ser, que te diera vida. Antes de terminar el amén, una exclamación rompió el aire: “¡Está respirando!” Y el mundo volvió a girar. Te pusieron sobre el pecho de tu madre, piel con piel, y sus lágrimas te bautizaron. El amor decidió quedarse en ese i...