Carta a mi Nataliya
Carta a Mi Nataliya No supe qué era el miedo hasta el día en que me dijiste que venías al mundo. Yo era joven, con los bolsillos llenos de sueños rotos, pero sin la sabiduría para sostener el milagro. Pensé que estaba condenado, pero llegaste tú, y con tu primer llanto rompiste la condena del hombre que no entendía el amor. Me dijeron que serías niña, y tuve miedo, porque no sabía cómo amar sin controlar, sin imponer mi voz de hierro. Pero cuando te vi, tan pequeña, tan infinita, supe que Dios me había entregado una diosa en miniatura, mi maestra, mi espejo. Te di un nombre, te di mi apellido, y pensé que eso bastaba para ser padre. Qué poco entendía. Tú me enseñaste el color rosado, las tazas diminutas de té, las tiendas donde el brillo se convierte en sonrisa. Contigo aprendí a ser suave, a dejar que el mundo fuera tierno por un instante. Eras mi sol, ese sol que yo no veía porque vivía detrás de mis nubes. Pero tú, con tus manitas, las apartaste una por una y me enseñaste la lu...