Niño Valiente de Dios

Niño Valiente de Dios

No hubo llanto,

ni el canto glorioso de una vida nueva,

solo silencio.

Un silencio tan profundo

que dobló las paredes de la sala

y detuvo el tiempo.

Llegaste a nosotros,

hijo mío,

no envuelto en luz sino en sombra,

con el pecho quieto como una piedra,

la piel del color de las tormentas.

Las enfermeras se movían como ángeles apurados,

sus voces temblaban,

sus manos eran oraciones.

Tu madre,

mi Hannah,

la montaña de mi corazón,

lloraba en un idioma que solo las madres entienden,

un sonido que partió mi alma.

Una mano tocó mi hombro,

suave,

como diciendo sin palabras que me preparara.

Y yo,

sin saber qué más hacer,

oré.

No con frases perfectas,

sino con el temblor de quien se aferra a la esperanza.

Pedí a Dios,

con todo mi ser,

que te diera vida.

Antes de terminar el amén,

una exclamación rompió el aire:

“¡Está respirando!”

Y el mundo volvió a girar.

Te pusieron sobre el pecho de tu madre,

piel con piel,

y sus lágrimas te bautizaron.

El amor decidió quedarse en ese instante.

Bebiste por primera vez,

y en ese sorbo,

el universo se curó.

Te llevaron al cuarto de las máquinas,

pero yo te seguí,

como la sombra sigue a la luz.

Tu mano, tan pequeña,

se cerró sobre mi dedo,

y en ese gesto estaba toda la fuerza del cielo.

Pasaron los días,

las noches se doblaron en plegarias.

Tu madre descansaba,

soñando con leche y luna,

y yo velaba,

vigilando el subir y bajar de tu pecho,

ese compás de la gracia.

Cuando al fin regresamos a los brazos de mamá,

el círculo se cerró.

Ella te amamantó,

sus ojos brillaban de gratitud,

y yo, sin dormir por tres días,

los miré a los dos,

mi corazón partido en amor

y completo en fe.

Tu primer aliento me enseñó

que la alegría verdadera

nace en el filo del milagro,

allí donde la vida y la pérdida

se tocan por un instante

y Dios responde.

Para mi hijo, cuyo primer aliento fue un milagro

y cuya fuerza nos enseñó a creer de nuevo.


Sobre el autor: Samuel Cartes

Escritor chileno-estadounidense de cuentos infantiles, poemas y ensayos.

La obra de Samuel suele explorar el sentido de pertenencia, la familia y la búsqueda de significado en la vida cotidiana.

Cuando no está escribiendo, está ocupado siendo papá, soñador, y fanático de las picadas neoyorquinas donde siempre termina pidiendo lo mismo.

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